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Conversaciones con Paco Cabezas

Paco Cabezas habla del rodaje de La nena como un trabajo duro sostenido por humor, contención y una mirada precisa sobre la violencia.

Paco Cabezas

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Paco Cabezas, director de la trilogía La nena, habla del rodaje con una mezcla de alivio y precisión. No dramatiza. No exagera. Explica. “Lo pasamos súper bien. Nos hemos reído un montón”, dice. Lo afirma como un dato: en un proyecto marcado por la violencia y la tensión narrativa, el humor fue un mecanismo de equilibrio.

La serie aborda temas sensibles —muerte, violencia, infancia— y Cabezas insiste en que el tratamiento visual y narrativo es deliberado. “Si no te ríes con tanta dureza, no puedes con ella”, señala. Describe el contraste entre la intensidad del set y la vuelta a casa. “Qué difícil es llegar y decirle al cuerpo: oye, que esto no es verdad, que es un rodaje”. No lo dice como una metáfora: lo plantea como un efecto físico del trabajo.

Cita a Spielberg como referencia técnica y conceptual. Resume su influencia en una frase: “Hay que ver la aleta del tiburón, pero nunca abrir el tiburón”. En la práctica, esto se traduce en una representación contenida de la violencia. “Lo contamos con muchísima elegancia y muchísima sutileza”, explica. Asegura que la serie evita mostrar de forma explícita los elementos más delicados, especialmente los relacionados con menores, porque considera que la imaginación del espectador puede ser más contundente que cualquier imagen directa.

Sobre la evolución de la trilogía, Cabezas sostiene que existe una progresión clara. “Cada temporada es mejor que la anterior. Va en ascenso. Es más impactante, más potente”. Lo plantea como un hecho verificable, no como una opinión. Añade que mantener ese crecimiento es uno de los mayores desafíos en la ficción seriada actual, donde muchas producciones pierden fuerza con el tiempo.

Su método, dice, es simple: medir, contener, decidir. Y repetir.

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